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miércoles, 13 de diciembre de 2017

Garrapata prehistórica hallada con sangre de dinosaurio


Ahora ya podemos decir que sí, realmente garrapatas prehistóricas succionaron sangre de los dinosaurios hace millones de años. Aunque esto era algo concebido solo en la ciencia ficción, una vez más lo impensable se ve comprobado científicamente. Ahora, científicos han descubierto una pieza de ámbar de 99 millones de años, conteniendo nada más y nada menos que este arácnido.

Al analizar el interior de la pieza de ámbar, los investigadores hallaron una dura garrapata agarrando firmemente una pluma, que se cree puede provenir de uno de los dinosaurios emplumados del Cretácico, hace aproximadamente 145 a 66 millones de años.

Aunque anteriormente ya habíamos informado de insectos o hasta animales más grandes encontrados en ámbar, esto es muy difícil de hallar; y mucho más complicado encontrar insectos que se alimentan de sangre junto a su alimento bien preservados en el ámbar; hasta ahora.

Esta reciente muestre se trata del hallazgo más antiguo hasta ahora, y que coloca garrapatas y dinosaurios emplumados conviviendo en la misma época, y confirmando el vinculo alimenticio en común.

«Las garrapatas son infames organismos parásitos que chupan la sangre y tienen un tremendo impacto en la salud de los seres humanos, el ganado, las mascotas e incluso la vida silvestre, pero hasta ahora no habíamos tenido evidencia clara de su papel en el tiempo», dice el investigador principal Enrique Peñalver, del Servicio Geológico Español.

Guardando las semejanzas, justamente el argumento de la película Jurassic Park se basa en el ADN de un dinosaurio recuperado de un mosquito envuelto en ámbar.

Los científicos tenían conocimiento que garrapatas, mosquitos y otros chupadores de sangre ya existían en la época de los dinosaurios, gracias a que algunos de ellos quedaron preservados «para siempre» al quedar atrapados en la savia de los árboles. Los investigadores ahora se preguntan, de qué se alimentaban exactamente.

Es probable que los dinosaurios formaran parte de la dieta de estos insectos, en base a los estudios y análisis realizados; pero hasta ahora esto era solo una hipótesis.

«El registro fósil nos dice que las plumas como la que hemos estudiado ya estaban presentes en una amplia gama de dinosaurios terópodos, un grupo que incluía formas terrestres sin habilidad para volar, así como dinosaurios similares a las aves capaces de volar», dijo uno de los investigadores, Ricardo Pérez-de la Fuente del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford en el Reino Unido.


«Entonces, aunque no podemos estar seguros de qué tipo de dinosaurio se estaba alimentando la garrapata, el ámbar birmano (del Cretácico) encontrado confirma que la pluma ciertamente no pertenecía a un pájaro moderno, ya que estos aparecieron mucho más tarde en la evolución de los terópodos de acuerdo a la evidencia fósil y molecular actual».
En otro bloque de ámbar, los investigadores lograron identificar una nueva especie de garrapata llamada Deinocroton draculi, o «Terrible garrapata de Drácula», pero aquí el vínculo con la sangre de los dinosaurios es indirecto, debido a que es imposible determinar de qué animal es.

Sin embargo, el hecho de que estas garrapatas hayan sido encontradas junto a plumas de dinosaurio les da a los científicos una idea más clara de que justamente se trataban de chupadores de sangre de dinosaurio y no de mamífero, pues tampoco se logró encontrar pelo de mamífero.

martes, 29 de agosto de 2017

El ictiosaurio más grande descubierto

Científicos del Reino Unido y Alemania han descubierto el que según ellos es el ictiosaurio más grande jamás registrado, una hembra de entre 3 y 3,5 metros de largo que estaba preñada en el momento de la muerte. Los ictiosaurios eran un grupo de reptiles marinos que se extinguieron hace cerca de 90 millones de años. A menudo mal identificados como dinosaurios nadadores, en realidad eran reptiles que aparecieron antes de que los primeros dinosaurios hubieran evolucionado. La especie más grande de ictiosaurio llegaba a más de 20 m de longitud. Esqueleto de ictiosaurio- Dean R. Lomax El nuevo espécimen fue descubierto originalmente en la costa de Somerset, a mediados de la década de 1990, y es del Jurásico Temprano, de aproximadamente 200 millones de años de antigüedad. Sin embargo, permaneció sin estudiar hasta que terminó en las colecciones del Museo Estatal de Baja Sajonia en Hannover, Alemania. El paleontólogo Sven Sachs del Museo de Historia Natural de Bielefeld (Alemania) vio por primera vez el espécimen en agosto de 2016, durante una visita de rutina. Informó al paleontólogo y experto en ictiosaurios de la Universidad de Manchester Dean Lomax, y juntos examinaron el nuevo ejemplar a principios de 2017. Lo identificaron como un ejemplo de Ichthyosaurus somersetensis, una nueva especie que Dean y otra colega, la profesora Judy Massare, habían identificado previamente. «Me asombra que ejemplares como este (el más grande) todavía se puedan 'redescubrir' en las colecciones de los museos. No necesariamente hay que salir para hacer un nuevo descubrimiento. El especimen aporta nueva información sobre el tamaño de la especie, pero además resulta que es el tercer ejemplo de ictiosaurio conocido con un embrión. Es especial», dice Dean. El embrión es incompleto y conserva solamente una porción del hueso trasero, costillas y algunos otros huesos. La cadena preservada de vértebras tiene menos de 7 cm de largo. Los huesos del embrión no están completamente osificados, lo que significa que aún se estaba desarrollando. Una cola falsa Otro descubrimiento intrigante fue que la cola de este nuevo espécimen no pertenecía al resto del esqueleto. Una cola de otro ictiosaurio se había añadido para hacerlo parecer más completo y visualmente atractivo para la exhibición. Según Sven, «a menudo es importante examinar los fósiles con un ojo muy crítico, pero a veces, como en este caso, los especímenes no son exactamente lo que parecen ser. Sin embargo, no fue 'completado' para representar una farsa, sino simplemente para mostrar una mejor exposición. Pero, si las partes 'falsas' no se detectan, entonces los científicos pueden romper las reglas, lo que resulta en información falsa presentada en el registro público». «Muchas muestras de ictiosaurios son de colecciones históricas y la mayoría no tienen buenos registros geográficos o geológicos, pero este espécimen lo tiene todo. Puede ayudar a datar otros fósiles de ictiosaurios que actualmente no tienen información», señala. Los ictiosaurios son uno de los reptiles fósiles más comunes en el Reino Unido, con miles de especímenes conocidos, que van desde los huesos aislados hasta los esqueletos completos. Algunos de los primeros ejemplos fueron recolectados a lo largo de la costa de Dorset por la paleontóloga victoriana Mary Anning, que atrajo la atención del mundo científico hacia estos animales. El nuevo estudio ha sido publicado en la revista científica Acta Palaeontologica Polonica.

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