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sábado, 5 de octubre de 2019

Asteroide de Júpiter amenaza la tierra


Cambios lo suficientemente marcados en las órbitas de un grupo de asteroides y cometas atrapados en la sombra de Júpiter pueden representar una amenaza oculta para la Tierra. Esa es la conclusión de un estudio que identificó al menos NASA aun objeto que podría experimentar tal cambio orbital.

Como planeta más grande del sistema solar, Júpiter esconde muchos asteroides y cometas en su sombra. Algunos de estos, como sus lunas, están gravitacionalmente unidos al planeta. Otros siguen una órbita similar a la de Júpiter, rodeando el sol.

Para estos últimos, una alta inclinación, o un ángulo con el plano del sistema solar de más de 40 grados, está vinculada a una baja excentricidad, lo que les da una órbita casi circular.

Un artículo publicado en 'Monthly Notices of the Royal Astronomical Society' examina lo que podría suceder si los objetos estables que orbitan cerca de Júpiter cambian su baja inclinación por una alta excentricidad, creando una órbita más ovalada. Según el autor, Kenta Oshima, investigador del Observatorio Astronómico Nacional de Japón, tal cambio podría ser una mala noticia para la Tierra.

"Señalamos la posibilidad de que existan poblaciones de asteroides potencialmente peligrosos no detectados en ubicaciones de alta inclinación de estos objetos", escribió Oshima.

Escondido a la sombra de Júpiter, muchos de estos objetos son difíciles de ver desde la Tierra. En este momento, mientras sus órbitas son estables, eso no es un problema. Sin embargo, si sus órbitas cambian, podrían pasar de la seguridad de Júpiter a un camino de colisión con la Tierra u otros planetas interiores, informa Space.com.

Una vez que comienzan a bailar alrededor de la Tierra, deben hacerse visibles para las encuestas que buscan objetos potencialmente peligrosos. Pero su peligro inherente significa que los astrónomos deberían estar trabajando para identificarlos ahora, declaró Oshima en su artículo.

Un objeto con una alta inclinación entrará y saldrá del plano del sistema solar en el que orbitan los planetas, por lo que las interacciones serán pocas y distantes entre sí. Pero a medida que la inclinación disminuye y el objeto comienza a pasar más tiempo cerca del plano del sistema solar, aumentan las probabilidades de un sobrevuelo cercano o un impacto.

Oshima ya ha identificado a un miembro potencial de esta armada oculta, 2004 AE9. El objeto orbita alrededor de 1,5 unidades astronómicas (UA; una unidad astronómica es la distancia entre la Tierra y el sol) dentro del camino de Júpiter.

Ocasionalmente, el asteroide pasa por encima de Marte en sus órbitas, acercándose a 0,1 UA. Estos sobrevuelos han cambiado la órbita del asteroide con el tiempo. La órbita no solo se ha acercado al plano del sistema solar, sino que también se ha vuelto más excéntrica.

Si bien no hay peligro de que impacte a la Tierra en el futuro cercano, el AE9 2004 algún día puede cambiar su órbita lo suficiente como para abandonar Júpiter y chocar con un planeta rocoso.

martes, 24 de julio de 2018

Asteroide con extraña forma


Estos últimos años han sido de muchas sorpresas y descubrimientos increíbles para el mundo, especialmente para los científicos y demás investigadores, que siempre se han encontrado en búsqueda de algo más y en el porqué de todo.

Por eso no resultara extraño, hacer memoria de la visita o del paso por la tierra, de un asteroide que sorprendió a todo el mundo, no solo por lo cerca que estuvo de nosotros, sino por extraña y curiosa forma.

El asteroide con forma de calavera es tan veloz como grande

Se aproximó a nosotros con una velocidad de 486 mil kilómetros por hora, su forma era similar a la de una extraña calavera humana o calabaza. El nombre oficial que se le dio a este visitante fue 2015 TB145 aunque, la mayoría le llamo asteroide calavera



Su paso cercano a la tierra no pudo ser más oportuno pues, realizo su acercamiento el 31 de octubre de 2015. Sí, justamente el día de los muertos o de la celebración de las fiestas de Halloween.
Nueva visita del asteroide con forma de calavera

Este raro evento suscitado del 2015 al parecer no será el único pues, una investigación reciente realizada en el Instituto de Astrofísica en España arrojó, que el asteroide hará una nueva visita en el 2018.

Aun no se ha determinado la fecha y la verdad, es que los astrofísicos dudan que en la misma fecha pasada pero, ciertamente no descarten su nueva visita. Esto se debe al hecho de tener un proceso de orbital de 1.112 días.



Esto quiere decir que vendrá unos días después, pero aun así visitara de nuevo la tierra, no estará tan cerca como la vez anterior pero aun así se percibirá. Según los expertos su visita se dará en el mes de noviembre.

Será observado a una distancia de 105 veces más, de la que existe entre la luna y la tierra. Lo cual permitirá percibirse desde la tierra, de una forma menos detallada que la anterior.

Sin embargo, en las revelaciones pasadas se pudo notar que posee un periodo rotatorio de tres horas aun así, no se descarta que pueda ser un periodo más largo de percibir, por la lejanía a la tierra en comparación a la vez pasada.

lunes, 9 de julio de 2018

El misterioso origen de los asteroides que amenazan a la Tierra, astrono...



La NASA está en un nuevo proyecto para identificar más rápido las amenazas del espacio en forma de asteroide que podrían chocar contra la Tierra, y de este modo contrarrestar una posible colisión en un mediano y largo plazo.

martes, 22 de mayo de 2018

Extinciones masivas






Las primera gran extinción ocurrió hace 440 millones de años. Entonces, el 65% de de todas las especies desapareció a consecuencia de los grandes cambios en el nivel del mar, causados por la glaciación y el recalentamiento atmosférico. La segunda extinción acaeció hace 380 millones de años. La caída de varios asteroides trajo consigo una disminución generalizada de las temperaturas y de la vida en un 19% . El tercer momento nefasto para nuestro planeta transcurrió hace 250 millones de años. Los movimientos de placas tectónicas que provocaron enormes cataclismos que ter minaron con el 90% de las especies marinas y el 70% de las terrestres. Recientes investigaciones apuntan al choque de un bólido espacial como causa primera de esos movimientos. Después, una cuarta extinción tuvo lugar hace 200 millones de años debido a la apertura del Océano Atlántico. En torno al 80& de todos los cuadrúpedos terrestres dejaron de existir. Y, finalmente, hace 65 millones de años, otro bólido cósmico, quizá un cometa que impacto en la península de Yucatán (México), hizo desaparecer a los dinosaurios junto con un 70% de las especies. 

Lo más dramático del asunto del asunto es que no hablamos de meras hipótesis, sino que épocas lejanas nuestro planeta sufrió el impacto de bólidos y sus terribles consecuencias. La ciencia eleva hasta cinco el número de extinciones que ha padecido nuestro mundo desde que la vida empezó a florecer. Todas ocurridas en las últimos 3.600 millones de años y motivadas, en su mayoría, por el impacto de grandes meteoritos. Algo que entraría dentro de lo normal, porque se cree que cada 100 millones de años un asteroide se estrella contra la Tierra. 

Incluso cuando la causa directa de la eliminación de la eliminación de especies ha venido dad por glaciaciones o erupciones masivas, ambos fenómenos podrían ser consecuencia secundarias de una colisión cósmica. Así, pues, nuestro escudo natural para prevenir tales contingencias es extremadamente limitado.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Consecuencias del asteroide que mató a los dinosaurios



Aunque no lo habían considerado antes, cuando se trata de impactos de asteroides y cometas, los científicos están descubriendo que los golpes en ángulo pueden ser mucho más peligrosos.

Los dinosaurios tuvieron un duro golpe cuando una roca espacial del tamaño de una ciudad golpeó la Tierra hace 66 millones de años, cerca de lo que hoy es la ciudad de Chicxulub en la Península de Yucatán en México.
Hasta hace poco, los investigadores pensaban que el asteroide o el cometa había golpeado casi en línea recta, en un ángulo de 90 grados, pero las recientes expediciones de perforación en el cráter Chicxulub en el fondo del Golfo de México sugieren que sucedió en un ángulo de más de 60 grados.

Los científicos ya sabían que el impacto, llamado el evento de Chicxulub, liberó una cantidad de energía aproximadamente equivalente a 40 mil arsenales nucleares de los EE.UU. en cuestión de segundos, lo que desencadenó una aterradora cadena de eventos.

La explosión encendió las tormentas globales, sopló vientos huracanados a lo largo de miles de millas, aplastó las costas alrededor del mundo con tsunamis masivos y sacudió todo el planeta, provocando derrumbes y terremotos en todo el mundo.

Algunas especies ahora extintas podrían haber sobrevivido a estas calamidades, sin embargo, si no fuera por un asesino más prolongado: el enfriamiento global, el polvo y los gases liberados en la atmósfera superior por el aplastamiento devolvieron gran parte de la energía solar al espacio durante años.

Esto dramáticamente enfrió el planeta, según el razonamiento, lo que llevó al evento de extinción Cretácico-Paleógeno, en el que perecieron alrededor del 75 por ciento de las formas de vida.
De acuerdo con un estudio publicado el lunes en Geophysical Research Letters, las nuevas simulaciones por computadora que usan el ángulo recientemente revisado sugieren que el evento Chicxulub lanzó más de tres veces más gas sulfuroso de lo que se pensaba, lo cual enfrió el clima .
Queríamos volver a visitar este importante lugar y refinar nuestro modelo de colisión para capturar mejor sus efectos inmediatos en la atmósfera», dijo Joanna Morgan, geofísica del Imperial College de Londres, en un comunicado de prensa de la American Geophysical Union.

El modelo creado por Morgan y sus colegas sugiere que el gas de azufre de la roca y el agua de mar vaporizados podría haber reducido las temperaturas de la superficie global en un promedio de casi 47 grados Fahrenheit casi de la noche a la mañana. Dichas temperaturas pueden haber durado varios años, hasta que la mayor parte del azufre aerosolizado cayó del cielo.

Pero la vida marina puede haber sufrido mucho más. Según el estudio, es posible que los océanos hayan tardado «cientos de años en recalentarse después del impacto de Chicxulub».

«Estas estimaciones mejoradas tienen grandes implicaciones para las consecuencias climáticas del impacto, que podrían haber sido aún más dramáticas que lo que han encontrado los estudios anteriores», dijo en el comunicado Georg Feulner, científico del clima del Instituto de Investigación de Impacto Climático de Potsdam.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Asteroide interestelar muy anómalo



El 19 de octubre de 2017, el telescopio Pan-STARRS 1, en Hawái, captó un débil punto de luz moviéndose a través del cielo. Al principio parecía un pequeño asteroide típico de rápido movimiento, pero observaciones llevadas a cabo durante los dos días posteriores, permitieron calcular su órbita con bastante precisión, lo que reveló, sin ninguna duda, que este cuerpo no se originó dentro del Sistema Solar, como todos los demás asteroides o cometas observados hasta ahora, sino que venía del espacio interestelar. Aunque originalmente fue clasificado como cometa, observaciones de ESO y de otras instalaciones no revelaron signos de actividad cometaria tras su paso más cercano al Sol, en septiembre de 2017. El objeto ha sido reclasificado como un asteroide interestelar y nombrado 1I/2017 U1 ('Oumuamua).

ado que puede hacerlo con mucha más precisión que telescopios más pequeños, el telescopio #VLT (Very Large Telescope) de ESO entró inmediatamente en acción para medir la órbita, el brillo y el color del objeto. Oumuamua es denso, posiblemente rocosos o con gran contenido metálico, sin cantidades significativas de hielo ni agua, y que su superficie ahora es oscura y está enrojecida debido a los efectos de la irradiación de rayos cósmicos durante millones de años. Se estima que mide al menos 400 metros de largo.

Cálculos orbitales preliminares sugieren que el objeto viene aproximadamente de la dirección en la que se encuentra la brillante estrella Vega, en la constelación septentrional de Lyra. Sin embargo, incluso viajando a la vertiginosa velocidad de 95000 kilómetros/hora, le llevó tanto tiempo a este objeto interestelar hacer el viaje a nuestro Sistema Solar que Vega no estaba cerca de esa posición cuando el asteroide estaba allí, hace unos 300 000 años. Es probable que 'Oumuamua haya estado vagando a través de la Vía Láctea, independiente a cualquier sistema estelar, durante cientos de millones de años antes de su casual encuentro con el Sistema Solar.

viernes, 4 de agosto de 2017

Peligro de extinción masiva

Muchos científicos han sostenido que las grandes extinciones terrestres han tenido un origen cósmico, incluyéndose entre los eventos ligados a la extinción (ELEs) el impacto de grandes meteoritos, rayos gamma procedentes de supernovas relativamente cercanas e intensos vientos estelares o explosiones cósmicas a los que estamos expuestos cuando el sistema solar penetra en los densos brazos espirales de la Vía Láctea. El famoso e inconformista astrónomo Sir Fred Hoyle sostuvo que estamos amenazados por una inminente extinción masiva, debida a una era glacial provocada por una nube de polvo cósmico, una idea que ya apuntó en 1957 en su novela La nube negra. Cuarenta años después, un equipo encabezado por el geofísico Alexei Dimitriev, miembro de la Academia de Ciencias Siberiana, detalló las razones por las cuales -tras estudiar las informaciones enviadas por la sonda Voyager desde los limites del sistema solar- están convencidos de que el sistema solar se esta adentrando en una zona especialmente peligrosa de la galaxia, mucho más densa de lo habitual. A esto se deberían las numerosas y brutales perturbaciones detectadas durante las últimas décadas en todos los planetas incluido el nuestro. Según ellos, <<las alteraciones geológicas, geofísicas y climáticas de la tierra se están volviendo cada vez más irreversibles>> y están <<causadas por materiales altamente cargados>> que penetran en el área interplanetaria del sistema solar, procedentes del espacio inerestelar. Mientras nuestro sistema solar avanza por el espacio, provoca una onda de choque similar a la que debe hacer frente un barco a medida que se desplaza por el agua. Según sus cálculos, permaneceremos durante los próximos 3.000 años dentro de esa onda de choque anómala, que hace más de 18 años ya era diez veces más densa de lo habitual.

La hipótesis de Dimitriev se adapta como anillo al dedo a numerosas anomalías. Y algunos descubrimientos y teorías elaboradas posteriormente por otros científicos vienen a refrendarla. Entre ellos destaca el Físico Richard Muller, quien analizó informáticamente los registros fósiles de los últimos 542 millones de años, descubriendo que entre un 90% de las especies vivas desaparecían cada 62 a 65 millones de años, periodo en el cual sospecha que nuestro Sistema Solar pasa cíclicamente a través de una zona galactica dotada de gran densidad gravitacional, que provacaría lluvias de cometas y asteroides sobre el Sol y todos sus planetas. Aunque la periodicidad y mecanismos propuestos por cada uno varían, Muller coincide con Rampino, Haggerty y otros científicos en que la precipitación de estos cuerpos celestes habrían sido responsables de las cinco Extinciones Masivas que han tenido lugar en nuestro planeta y en que ya le habría llegado la hora de la sexta. Pero no debemos alarmarnos, sino prepararnos inmediatamente para sobrevivir, adaptándonos a esos cambios que vienen. Como advirtieron Dimitriev y sus colegas, <<solo mediante una profunda comprensión de los cambios fundamentales que están teniendo lugar en el medio que  nos rodea, políticos y ciudadanos seran capaces de obtener el equilibrio con el flujo renovado de los estados y de los procesos planeto-físicos>>.

Cada ser vivo de la tierra <<pasaría por un examen de control de calidad para determinar su habilidad para cumplir con estas condiciones>>, porque <<estos retos evolutivos siempre requieren esfuerzo o resistencia en cada organismo individual, especie o comunidad, ya que no es solo el clima lo que está cambiando, sino que nosotros estamos experimentando un cambio global>> como organismos vivientes, y <<no podremos afrontar esto individualmente>>

Allá en Julio de 2012, la revista Nature publicaba un estudio que alertaba sobre un colapso planetario irreversible y muy cercano en el tiempo. En dicho análisis, los investigadores repasaban las cinco extinciones masivas ocurridas en nuestro planeta a lo largo de su historia, episodios que, indefectiblemente, estuvieron vinculados con otros tantos cambios climaticos altamente severos. En este sentido, los firmantes del estudio advertían de que el impacto humano sobre el entorno puede conducirnos a un <<nuevo régimen para el que no estamos preparados>>.

Más recientemente, en Junio de 2015, Sciencie advances publicaba un amplio informe de esta cuestión en el que sus autores confirmaban que<< ya no hay duda, estamos entrando en una extinción masiva>> , para añadir que <<si dejamos que la situación continúe, la vida podrá tardar muchos millones de años en recuperarse y nuestra especie podría desaparecer pronto>>. Pero, ¿como hemos llegado a este <<punto de no retorno>>? Para buscar el origen de todo, basta rastrear nuestras primeras huellas sobre la faz de la tierra. A diferencia de las extinciones masivas que precedieron a la actual y que fueron provocado por fenómenos de índole física o natural (impactos de asteroides, erupciones masivas, etc), los principales causantes de la próxima gran extinción somos nosotros, los humanos, conclusión compartida por la mayoría de los científicos y a la que llegó hace más de una década Niles Eldrege, el prestigioso paleontólogo que desarrollara junto con Stephen Jay Gould, la célebre teoría evolutiva del equilibrio puntuado.

Ya en 2001, el autor de La vida en la cuerda floja: la humanidad y la crisis de la biodiversidad (Tusquets) planteaba las claves de esta sexta extinción masiva, acontecimiento terminal en el que el profesor Eldrege distingue dos fases; una primera, coincide con la dispersión de los humanos hace alrededor de 100.000 años; y la segunda -y más importante-, señalaba por la invención de la agricultura hace unos 10.000 años <<La agricultura representa el cambio goelógico singular más profundo en la totalidad de los 3,5 mil millones de años de la historia de la vida en la tierra. Debido a su invención, los humanos no tuvieron que interaccionar con otras especies para poder sobrevivir y pudieron, por ende, manipular a otras para su propio beneficio. Además, nuestra especie no tuvo que adherirse a la capacidad de carga de los ecosistemas (tamaño máximo de población que el ambiente puede soportar), pudiendo así sobrepoblar la tierra>>, Explica Eldrege en Action bioscience, boletín del Instituto.

Según un estudio publicado en Science Advances, firmado por investigadores de las universidades de Berkeley, Stanford, Princenton, Florida y autónoma de México, y que ha recogido datos de los últimos cinco siglos, el ritmo de extinción de especies se ha multiplicado por más de 100 en dicho lapso, acelerándose en las últimas décadas <<gracias>> a la intervención humana. En total, desde 1.500, prácticamente ayer (las distancias entre anteriores extinciones masivas se cuentan por millones de años), han desaparecido 617 especies de vertebrados...especies que tardaron cientos de millones de años en evolucionar.


Ninguno de los organismos que viven a nuestro alrededor funciona de manera aislada...como tampoco lo hacemos nosotros. de modo que cuando permitimos que por nuestra causa se extingan especies  que enriquecen nuestra biodiversidad, estamos contribuyendo a nuestra propia desaparición como especie. Y sí, es cierto la vida tiende a la resiliencia, a resistir y a abrirse camino frente a las situaciones más adversas. Pero ¿seremos capaces de hacerlo nosotros, la especie humana? Demasiadas señales apuntan lo contrario.

Se ha mencionado la rapacidad de las élites, ocupadas en la acumulación de riqueza de la que desposeen a la mayoría de la población. También de la carrera de grandes potencias por engordar sus reservas de oro, señal de la inminencia de otra gran crisis financiera. En el caso de China resulta inquietante que el gigante asiático haya cuadruplicado sus reservas de de alimentos de primera necesidad, en lo que muchos interpretan como el signo de un próximo desabastecimiento de estas materias a nivel global. También sobre la puesta en marcha de proyectos de geoingeniería, financiado por los principales gobiernos como un aviso de un inminente desastre climático. Y que decir de la predicción de una pequeña edad de hielo que la ciencia sitúa en torno al año 2030. Demasiadas señales que nos urgen a actuar para evitar nuestro propio colapso.




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