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miércoles, 23 de mayo de 2018

El misterio del ataúd de plomo




El ataúd de plomo fue descubierto dentro de un sarcófago mayor, de piedra caliza, en agosto de 2013. Este hallazgo se produjo un año después de que restos de Ricardo III, último monarca de la dinastía Plantagenet -rey de Inglaterra y señor de vastas zonas de Europa- fueron exhumados en ese mismo lugar, en la actualidad un aparcamiento. La datación por carbono 14 de los restos sugiere que la mujer del ataúd de plomo pudo haber muerto en una fecha tan tardía como el año 1400, aunque es más probable que la enterraran en la última mitad del siglo XIII, mucho antes de la muerte de Ricardo III en la batalla de Bosworth.

Pese a que el sarcófago de esta mujer desconocida es el primer ataúd medieval intacto descubierto en la zona, no se trata de la única tumba hallada en el lugar. Otros nueve enterramientos fueron identificados por debajo del aparcamiento de Leicester donde reposaba Ricardo III, donde hace siglos se levantaba un antiguo monasterio medieval de la Orden Franciscana. Establecido en torno al año 1250, el convento fue demolido en 1538 como parte de la disolución de los monasterios decretada por el rey Enrique VIII. "Existe la posibilidad de encontrar centenares de tumbas en otros lugares debajo de la iglesia, el resto de edificios conventuales y fuera del cementerio", declaro Mathew Morris, director de excavación y arqueólogo de la Universidad de Leicester.

El misterioso ataúd ha provocado diversas especulaciones sobre la identidad e la persona que contenía. Todo apuntaba, inicialmente, a que se trataba de un varón. Dos de los principales candidatos de los investigadores eran ambos figuras preeminentes de la Orden Franciscana en Inglaterra. Peter Swynsfeld, que murió en 1272, y Willian of Notthinghan, muerto en 1330, El otro, un caballero medieval llamado Willian de Moton of Peckleton. "Especulamos con que esta tumba podría ser la de uno de ellos. Descubrir que contenía a una mujer ha sido algo intrigante y, hasta cierto punto, frustrante, porque apenas sabemos nada sobre mujeres relacionadas con este convento de hombres", sentenció Morris. Sin embargo, tres de las diez tumbas exhumadas hasta el momento volvieron a contener esqueletos femeninos. Para Morris, "este descubrimiento aportará importantes conocimientos sobre la interacción de las mujeres y las órdenes religiosas en la época medieval.


sábado, 21 de abril de 2018

Animales en el campo de batalla


Es posible que la utilización de animales en el campo de batalla sea algo que a priorí no sorprenda demasiado, en la medida en la que caballos, bóvidos o elefantes han sido utilizados desde hace milenios como animales de monta arrastre. Nadie mejor que los colombófilos para entender el papel mensajero de las palomas o el de los perros en los ejércitos, ya que se han utilizado bien por su fiereza o bien en tareas de apoyo logístico, rescate, rastreo, etc.

Asimismo, no hay que perder de vista la conmoción pública que supuso para la sociedad estadounidense conocer años atrás los proyectos de adiestramiento de delfines y leones marinos que llevaba a cabo la Marina de los Estado Unidos desde la década de 1960, con el objetivo de utilizar a estos mamíferos marinos como detectores de minas submarinas y buzos enemigos, En esa misma línea, llama la atención la investigación impulsada por la Universidad de Zagreb (Croacia), con abejas, que adiestran para que contribuyan a la localización de minas anti personales  través del olfateo de TNT de los dispositivos. Incluso circulan historias que describen la utilización en territorio talibán de monos adiestrados para disparar armas de fuego, relatos de los que ya existen antecedentes -también de dudosa fiabilidad- en China en el siglo XVIII.

No obstante, hay ejemplos que irremediablemente sorprenden de especial. Esto es lo que ha ocurrido con un manuscrito datado en el año 1530 y elaborado por el maestro artillero alemán Franz Helms, un documento que cuenta con ilustraciones muy explícitas y en el que se describe la utilización de gatos y palomas en diversas estrategias bélicas. Salvando las distancias y las limitaciones tecnológicas, este manual de guerra medieval muestra auténticos "gatos bombas" provistos de mochilas incendiarias.

Fue el historiador  Micth Fraas, de la Universidad de Pennsylvania (EE.UU), quien se percató de la insólita información que contenía el manuscrito, donde se explica como palomas y gatos, dispuestos con bolsas preparadas con pólvora atadas a sus espaldas, podrían usarse como caballos de troya que sibilinamente incendiarían castillos y poblaciones fortificadas.

Aunque la propuesta pueda parecer risible, se basaba en cierta lógica. Era necesario capturar un gato o unas palomas de la población que se quería atacar, atarles los dispositivos, prenderles fuego, y esperar a que los animales salieran despavoridos y regresaran a sus hogares en busca de refugio. El fuego que portaban terminaría  provocando incendios en los castillos o ciudades las que vivían. Pero no hay constancia alguna de que tales propuestas se llevasen a cabo ni garantías de que de haberlo hecho, no muriesen antes o tomasen direcciones muy diferentes a las esperadas.

Esta historia medieval no deja de tener cierto parecido con el proyecto de los "perros bomba", un programa que resultó ser un fracaso y en el que se adiestraba a canes para se acercaran a los tanques alemanes portando bombas.

En la historia bélica de la humanidad no faltan los episodios en los que algún ejército ha envenenado con bacterias el agua o alimentos del enemigo, o bien ha buscado diezmar sus efectivos y las poblaciones que asediaban contagiándoles enfermedades mediante flechas y lanzas infectadas, o directamente introduciendo enfermos o cadáveres en territorios rival. Sin embargo, llamar la atención que también se haya hecho uso de animales venenosos vivos para crear una especie de artillería biológica.

El militar Anibal de Cartago no dudó en lanzar contra los barcos se sus enemigos recipientes de arcilla atestados de serpientes venenosas, allá por el año 184 a.c. Otro ejemplo llamativo lo encontramos unos siglos más tarde, en concreto en el año 198, cuando la población de la ciudad iraquí de Hatra logró repeler el ataque del ejército romano de Septimio Savero usando vasijas de terracota cargadas con escorpiones venenosos. No es difícil imaginar el pánico desatado entre aquellos guerreros al intentar escapar de las dolorosas picaduras mientras escalaban las murallas de la ciudad. 

miércoles, 4 de abril de 2018

Miguel de Molinos, el hereje quietista


Corría el año 1628 de Nuestro Señor cuando venía al mundo un personaje que acabaría engrosando la lista negra del Santo Oficio ya alcanzada la edad adulta. Su nombre era Miguel de Molinos y había nacido en Muniesa, Teruel, hijo de Pedro Molinos y Ana María Zuxía. Con una brillante formación, a los 18 años se estableció en Valencia, y allí paso a estudiar en el colegio de San Pablo, de la Orden de los Jesuitas, los mismos que con los años se convertirían en sus principales perseguidores.

Allí se doctoró en teología y fue ordenado sacerdote, obteniendo también la licencia de confesor de monjas -no debemos olvidar que alguno de los curas responsables de esta tarea, fueron condenados por Santo Oficio por impulsar la lasciva entre las religiosas-. No obstante, el motivo de persecución sería muy diferente  al de personajes como Urban Grandier o García Calderón, Tiempo después nuestro protagonista se establecería en la iglesia agustina de Roma, donde había viajado con la intención de defender la beatificación de Francisco Jerónimo Simó.

En el año 1665 y en la Ciudad Eterna, Molinos Gozaba de un gran prestigio entre la aristocracia y el clero, siendo recibido incluso por el general de los Jesuitas, Paolo Oliva. Cercano a los movimientos místicos que despuntaban en el siglo diecisiete, fue cincelando una doctrina religiosa cuyo le costaría caro. Prestigioso orador y docto teólogo, llego a realizaron intercambio epistolar con la reina Cristina de Suecia, controvertida soberana que entre otras aficiones dedicó gran tiempo de su vida al estudio del Arte Alquímico.

Su error sería publicar en Roma, en 1675, su Dux Spiritualis, una guía espiritual con el sugerente y significativo subtitulo "Que desembaraza el alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la paz interior", y donde dejaba claro las líneas básicas de la doctrina que acabaría por llamarse quietismo y de la Molinos sería el principal teórico.

Aunque dichos postulados llamaron la atención de personajes de renombre, que elogiaron el trabajo del tolurense, sus atrevidas ideas fructificaron en Italia, incluso entre el cardenal D' Estrées, amigo de Molinos y más tarde acusador, y en Francia entre Fenelón o el padre Francois Lacombe, quien fuese director espiritual de Madame Guyon.

Molinos postulaba un acercamiento a Dios a través del estado de "quietud", en el que la mente es completamente inactiva, no piensa ni desea por su propia cuenta, sino que permanece pasiva mientras que Dios obra el ella. Esta postura iba en contra de los dictámenes de la ortodoxia católica por muchas razones, entre ellas, porque invitaba al penitente a abandonarse a la inactividad, no realizando ni siquiera el obligatorio tiempo de oración, llegando incluso a afirmar "y si la naturaleza se agita, uno tiene que permitir esa agitación porque esa es la naturaleza", lo que para los inquisidores fue indicio de que Molinos defendía la inmoralidad sexual, lo que realmente fue una manipulación de sus ideas. Sea como fuera, y aunque Molinos había llegado incluso a gozar de la protección del Papa Inocencio XI, que incluso parecía estar dispuesto a nombrarle cardenal, la presión de los Jesuitas italianos Gotardo Bell y Paolo Segneri despertaron el interés de la inquisición en 1678. De poco le serviría al bueno de Molinos publicar su Defensa de la contemplación, que redactaría entre 1679-80 intentando exonerarse de las acusaciones, texto que nunca vería la luz.

Tras ello Molinos fue apresado junto a algunos de sus discípulos la inefable fecha del 18 de julio de 1685. El hecho de sus acusadores no pudiesen hallar pruebas se desviaciones doctrinales ralentizó el proceso y llevó a que Molinos fuera torturado. Ante el dolor, el religioso español confesó todo tipo de actos que probablemente jamás había realizado y fue acusado de inmoralidad. Sin embargo, funcionarios de la inquisición destruyeron a finales del siglo XVIII las actas del proceso para evitar que cayeran en manos de los franceses, por lo que se perdió para la historia la lista de acusación y declaraciones del reo.


No obstante, parece que fue acusado de que "para conseguir la libido, se hacía servir en la mesa y desnudarse a más mujeres desnudas, y otras veces estaba presente para ver mujeres y hombres desnudos entrelazados juntos y relacionarse"; además se le acusó de "haber sido más veces sodomizado, acto que el decía que no era un pecado porque no estaba escrito en el Dacálogo, lo mismo que decía del bestialismo", según se desprende de un escrito del obispo de Téano de 1687; acusaciones realmente pintorescas y absurdas con las que Molinos, casi con seguridad, no tenía nada que ver.

El caso es que Miguel abjuró de sus "errores" el 13 de septiembre de 1687. Fue condenado por inmoralidad u heterodoxia a permanecer siempre vestido con un hábito penitencial, a recitar diariamente un Credo y un tercio del Rosario, a confesarse cuatro veces al año y a perpetua reclusión, sentencia ratificada por su antiguo amigo el pontífice Inocencio XI en la bula Coelestis pastor del 20 de noviembre de 1687.


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